Elementor #533

Como un terremoto de 90 segundos nos cambia la vida

¿Cómo un terremoto de 90 segundos nos cambia la vida?

Un lunes por la mañana, con un hermoso sol, donde todo parece normal y rutinario, de repente cambia la forma en que vemos la vida, nuestra percepción de lo material y refuerza esas ganas de sobrevivir.

Ahora mismo, tres días después, aún sin poder pegar el ojo en la noche y con la sensación de que en cualquier otro momento podrá volver a temblar, es cuando más he aprendido a valorar la compañía, el tiempo, las decisiones, la familia y la felicidad. Pero también la angustia y el desespero se sienten aún más fuertes.

Somos afortunados quienes pudimos volver a nuestras casas cuando otros lo perdieron todo.

Cosas que también tienen un valor y un esfuerzo detrás: sus negocios, sus casas, sus pertenencias. Personas que hoy no tienen dónde dormir, qué ponerse o incluso dónde bañarse.

Y aun así, quizás ellos puedan sentirse afortunados frente a otros que incluso llegaron a perder a sus familiares. Las personas que más aman perdieron la vida. Incluso sus mascotitas, sus compañeros, su compañía.

Todo esto ha sido como un shot de muchas emociones, reflexiones y realidades muy crueles.

Pienso que todo esto también hace parte del ser humano, porque así como estamos viviendo esta crisis tan fuerte y realmente sintiendo el poder de la naturaleza, también podemos ver cómo anhelamos ser personas que ayuden a los demás, personas compasivas con el sufrimiento y las necesidades de otros.

Así es como muchas personas que incluso estando cerca de los lugares más perjudicados y que muy probablemente también se vieron afectadas, se suman al voluntariado y a querer ayudar a encontrar personas bajo los escombros.

Mientras tanto, acá en la ciudad, en medio de tanto caos, el tema principal del día es ese temblor de 7,4 que nos dejó pensando en qué momento nos vamos a ir.

Acá en la ciudad hemos implementado muchas causas, campañas y centros de acopio para llevar camiones llenos de ayudas humanitarias hacia el Chocó y hacia otros sitios que se vieron damnificados.

Pero la invitación real en estos tiempos, en donde el desespero reina, es a dejar el ego, el orgullo y centrarnos más en un todo, en nuestra parte más humana y en nuestra compasión.

En comprender más.

En fortalecer mucho más nuestra idea del valor de la vida, del tiempo y de las personas.

Porque quizás después de vivir algo así entendemos que no necesitamos esperar a perderlo todo para empezar a valorar lo que tenemos.

No necesitamos un terremoto para llamar a alguien, para decirle que lo queremos, para compartir tiempo con nuestra familia o para ayudar a una persona que lo necesita.

No sabemos cuándo la tierra volverá a moverse.

Pero sí podemos decidir qué hacemos mientras está quieta.

 

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